miércoles, 15 de octubre de 2014

Silvia Kutika

“S
oy una mujer positiva y alegre, por eso prefiero la tragedia a la hora de trabajar: bucear en la otra parte de mí y enfrentarme a ella. Mi carrera la siento desde el alma: me permite indagar en mis emociones, explorar mis sentimientos y conocer mi naturaleza, incluso lo peor de mí. También me ayuda a trabajar sobre mis miserias y a ser más generosa”, explica Silvia Kutika.

Nació el 5 de agosto de 1958 en Buenos Aires (Argentina), en el seno de “una familia muy conservadora”, y estudió en un colegio de monjas: “Era estudiosa, aunque algo traviesa. Recuerdo mi infancia como una etapa feliz”.

Terminada la escuela se matriculó en Biología en la Universidad de la Plata, hasta que cuatro años después, la actuación se cruzó inesperadamente en su camino: “Mi padre enfermó y no podía seguir pagándome la carrera. Una amiga que trabajaba en una agencia de publicidad me pidió una foto y, a partir de entonces, empecé a hacer anuncios. Después, a mediados de los 70, participé en un certamen de belleza y me convertí en Miss Siete Días”.

 Aunque a sus padres no les agradó la idea de que se dedicase a la interpretación, no había otra opción para ella, pues había descubierto un mundo que le apasionaba: “No me gustaba exhibirme, pero al mismo tiempo me resultaba divertido”. Además, la profesión palió su extrema timidez: “Me ayudó a relacionarme con la gente y a afrontar mis miedos”.

En 1980 participó en la película ‘Sentimental’: “El director me dijo que tenía talento, pero que me faltaba experiencia en la vida. Me sentó mal, pero con el paso del tiempo lo comprendí y agradecí su sinceridad”. Tras esta desilusión, enseguida le llegaron proyectos cinematográficos, como ‘Los viernes de la eternidad’ y ‘¿Somos?’, y televisivos, como ‘Laura mía’, ‘Amor prohibido’ y ‘Manuela’, que grabó en 1991.

Gracias a estos demostró que ya estaba preparada como actriz. Además, hizo frente a la cara más dura de la fama: los romances que le adjudicaban continuamente. “Alguno hubo, pero luego me inventaron otros hasta con el perro del estudio de grabación”, bromea.

Todo esto quedó atrás, sobre todo cuando conoció al actor y arquitecto Darwin Sánchez, con quien se casó. Sin embargo, a principios de los 90 el matrimonio se sumergió en una crisis que terminó en divorcio poco después.


Fruto de ese matrimonio nació Santiago en 1988.

En 1993 grabó ‘Primer amor’, donde trabó una buena amistad con el actor español Javier Villalba. Una relación más estrecha entabló con Luis Luque, otro compañero de la novela con quien se casó en 1996.

En esa época también surgió la pasión de Kutika por la pintura y la escultura: “Uno debe tener más de un amor y contar con aficiones que le generen adrenalina y el impulso de proyectar”.

Con la llegada del nuevo siglo, siguió asumiendo numerosas producciones, como ‘Los médicos‘, ‘Ilusiones‘ y ‘PH’, hasta que se vio obligada a hacer un paréntesis en su carrera profesional por motivos personales. Por suerte, llegó un proyecto que la cautivó y retomó su carrera: “En 2003 me instaron a presentarme a un casting para hacer una película con Ricardo Darín, ‘Luna de Avellaneda’. Me puse muy nerviosa y no entendía por qué tenía que pasar por eso, pero finalmente lo hice y me seleccionaron”. 


Al año siguiente hizo ‘Culpable de amor’, tras la cual llegaron ‘Se dice amor’, ‘Vidas robadas’, la versión italiana de ‘Sin tetas no hay paraíso’ y ‘El hombre de tu vida’.

El año pasado, después de trece años alejada del teatro, se subió a las tablas con ‘Viaje de placer’, obra que cuenta la historia de un matrimonio en crisis que decide divorciarse durante un crucero.

Además, participó en las telenovelas ‘Quitapenas’…


…  y ‘Camino del amor’, que empezó a grabar este año.


A sus 56 años, Silvia Kutika sueña con asumir un nuevo papel en su vida, el de abuela: “Me siento lista para volver a cambiar pañales. Sé que es una etapa que voy a vivir con muchas ganas”.







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