miércoles, 15 de octubre de 2014

Judy Henríquez

D
errocha talento, simpatía y vitalidad, algo que no ha perdido después de media vida en la profesión. Protagonista, villana y entrañable abuela. Ningún papel se le ha resistido a Judy Henríquez, una mujer que ha sabido evolucionar a nivel interpretativo sin perder sus valores como ser humano y como profesional.

Nació el 29 de julio de 1943 en Barranquilla, Colombia, aunque siendo muy pequeña se trasladó a vivir a la capital, Bogotá, donde contrataron a su padre de publicista.

Cumplidos los 17 años tuvo que hacer frente a la muerte de su madre, quedándose a cargo de sus catorce hermanas, que a día de hoy siguen considerándola su segunda madre: “Dios te quita algunas cosas, pero te brinda otras. A mí me dio fortaleza”.

Pese a asumir esta gran responsabilidad, Judy quiso seguir con sus estudios y se matriculó en Periodismo, en la Universidad Javeriana. Sin embargo, la vida le deparaba un futuro que nada tenía que ver con la comunicación: “Un día me enteré de que necesitaban una modelo para un anuncio y acompañé a mi hermana, que era la más bonita de la familia. Pero me cogieron a mí”.

Después llegaron otras participaciones en publicidad, que la convirtieron en un rostro muy conocido. Fue así como Eduardo Gutiérrez le ofreció un pequeño papel en la telenovela ‘El 0597 está ocupado’, lo que supuso todo un reto para ella.

Después llegaron otras participaciones en publicidad, que la convirtieron en un rostro muy conocido. Fue así como Eduardo Gutiérrez le ofreció un pequeño papel en la telenovela ‘El 0597 está ocupado’, lo que supuso todo un reto para ella.

Esta producción fue decisiva para su lanzamiento como actriz, pues luego llegarían otros proyectos y el escritor y guionista Bernardo Romero: “Fue el amor de mi vida. Cuando lo conocí, mi novio, Carlos Duplat, se había marchado a Francia y él se dedicó a conquistarme hasta que lo consiguió, y eso que al principio me parecía creído y antipático. Luego entendí por qué era así: era un hombre brillante y maravilloso”.

Se casaron 1968 y tuvieron dos hijas: Adriana –actriz y guionista– y Jimena –guionista–. “Tenemos una relación maravillosa y me han dado cuatro nietos a los que adoro”.

Poco a poco, Judy se convirtió en una actriz imprescindible en la televisión colombiana, donde triunfó con títulos como ‘La casa de piedra’, ‘Camelias al desayuno’, ‘Calamar’…

… ‘La feria de las vanidades’…

… y ’Señora Isabel’, una de las más recordadas por el público y ella misma: “Sin duda, marcó mi vida”.


En 1999 se fue al país azteca para grabar ‘La vida en el espejo’, con la que se ganó el respeto de los mexicanos: “En aquella época eran muy reservados con los actores extranjeros que trabajaban en sus producciones. Por suerte, yo puedo decir que viví una bonita experiencia”.

En 2005, después de unos años alejada de las pantallas, volvió para dar vida a Lucrecia, en ‘La saga, negocio familiar’. Sin embargo, su regreso se tiñó de tristeza con la muerte de su esposo.

La función continuó para Judy, que se involucró en producciones como ‘Madre Luna’…

… y ‘El fantasma del Gran Hotel’.

Este año regresó al teatro tras dos décadas de ausencia junto a su hija Adriana y el marido de esta, Rodrigo Candamil en la obra ‘Divorcio express’.

Entre sus muchos premios, destacan el India Catalina a la Mejor Actriz de Reparto en 1997 por su trabajo en ‘Las Juanas’.

Este año, la misma organización le ha entregado el galardón especial a toda su carrera. “Espero que esto no signifique que piensan que es hora de que me retire y que sirva para que sigan llamándome”, comentó con el premio en las manos.





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