martes, 23 de septiembre de 2014

Gary Forero

M
i gran enemigo es el ego pero es bueno tenerlo cuando estás sobre el escenario. Sin embargo, hay que dejarlo allí cuando se apagan las luces y vuelves a casa porque, si no lo haces, no te deja ser feliz”. Ser consciente de esta lucha interna que reconoce ha sufrido ha hecho de Gary Forero un hombre íntegro que ha sabido encontrar su lugar en la vida, tanto en el terreno personal como profesional. 


Nació el 7 de agosto de 1979, en Bogotá, Colombia, donde se crió junto a su madre y su abuela: “Tengo seis hermanos por parte de mi padre con los que me llevo muy bien, pero soy muy independiente y me gusta estar solo o con personas cercanas, que son muy pocas”.

Como gran amante de la naturaleza y los animales, terminada la escuela se matriculó en Zootecnia, carrera que terminó en Brasil.

Aunque llegó a licenciarse, en 2002, nunca ejerció, pues entonces su objetivo profesional era bien distinto: “El mismo día que me gradué empecé a buscar en los periódicos una oportunidad para salir en televisión. Terminé haciendo de extra en algunos anuncios, pero nada más. Obviamente, así no podía llegar a ser actor, mi sueño desde niño”.

Por fortuna, alguien se cruzó en su camino: “Conocí al maestro Rubén Di Pietro, quien me puso los pies en la tierra y me  dijo que lo primero que tenía que hacer si quería ser actor era conocerme a mí mismo y aceptarme”.

Por fortuna, alguien se cruzó en su camino: “Conocí al maestro Rubén Di Pietro, quien me puso los pies en la tierra y me  dijo que lo primero que tenía que hacer si quería ser actor era conocerme a mí mismo y aceptarme”.

Después de tres años de aprendizaje –durante los cuales asumió pequeños papeles en programas de televisión… hizo la obra de teatro ‘Severa vigilancia’ y trabajó de modelo para tener ingresos.

Entonce le llegó su primera gran oportunidad: “Fue un papel antagónico, Milton Paniagua, en la telenovela juvenil ‘Juego limpio”.

Esa producción supuso el pistoletazo de salida de su carrera y también una buena dosis de motivación para seguir adelante. Además, al año siguiente, en 2005, le ofrecieron un nuevo personaje: Lorenzo, en ‘Floricienta’.

Sin embargo, su consolidación como actor llegó en 2008 con ‘Doña Bárbara’, junto a Edith González.

En la novela dio vida a un maltratador: León, personaje con el que cautivó a la crítica y suscitó pasiones.

Por aquel entonces también se encontraba inmerso en los estudios de Dirección y Producción de Cine. “He tenido la oportunidad de dirigir tres documentales”, comentaba.

Su siguiente trabajo como actor fue en ‘Los Victorinos’.

En esa producción compartió créditos con Liliana González. Fue nada más empezar las grabaciones cuando surgió el amor entre ellos: “Fue un flechazo. Es una mujer muy inteligente y con la que conecté desde el principio. Además, nos admiramos mutuamente y eso nos hace crecer”. 


Concluida la novela, a finales de 2009, se sumergió en las grabaciones de ‘Bella Calamidades’, con Segundo Cernadas y Danna García.

Al año siguiente, asumió el papel de Pablo en ‘El clon’, donde trabajó con Andrea Montenegro. Aquí volvió a coincidir con Liliana.

Durante las grabaciones, la pareja tomó una de las decisiones más importantes de su vida: ser padres. “Hasta ese momento no habíamos querido, pero las escenas donde Lili hacía de embarazada despertaron su instinto maternal. Además, un amigo me habló de lo maravilloso que es la paternidad y... ¡en dos días decidimos que queríamos tener un hijo!”, afirmaba emocionado.

El pequeño Jacobo vino al mundo en verano de 2011: “Ha llegado en el momento adecuado porque puedo desarrollar la faceta de la paternidad desde la tranquilidad y la paz”.

No obstante, tras el alumbramiento, el colombiano puso fin a su paréntesis laboral y volvió al trabajo con la obra ‘Los ángeles no tienen sexo’, que cuenta la historia un matrimonio en crisis que invoca a sus ángeles de la guarda como última opción para recuperar el amor y la pasión.

Nada que ver con el suyo: “Nuestra relación está basada en el amor, la comunicación y el respeto. Nos entendemos muy bien”. A sus 35 años, Gary Forero atraviesa uno de los momentos más dulces de su vida, tanto a nivel profesional como, por supuesto, personal.







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