martes, 5 de agosto de 2014

Amanda Gutiérrez

S
u carrera artística comenzó por casualidad, cuando fue a acompañar a una amiga –la también actriz Mimí Lazo– a un casting para una obra de teatro: “Hasta entonces, yo solo había hecho algunos anuncios publicitarios”. Jorge Palacios, el director, la animó a que hiciera la prueba y acabó quedándose con el personaje.

Este fue el punto de partida para Amanda Gutiérrez, que nació el 28 de marzo de 1955, en Caracas, Venezuela, donde creció junto a sus trece hermanos. “Tengo bonitos recuerdos de mi infancia. Siempre jugaba a ser actriz y muchos vaticinaban mi futuro, incluso a mi papá le hacía gracia mi afición. Pero yo no me lo tomaba en serio... hasta que la vida me fue llevando a mi destino.

Llegó un momento en que lo tuvo tan claro que sus padres, quienes le habían inculcado “los principios básicos de la justicia, la verdad y el amor puro sin esperar nada a cambio”, terminaron por apoyarla en su irrevocable decisión.

La obra en la que trabajó bajo la dirección de Palacios fue su primer escaparate y gracias a ella le propusieron participar en la serie de RCTV ‘A millón muchachos’. Unos comienzos salpicados de fortuna que, sin embargo, no le hicieron perder el norte: “Empecé a prepararme a fondo”. Lo hizo en los talleres de José Ignacio Cabrujas y Enrique Porte y también viajó a España para estudiar en la madrileña Escuela Superior de Arte Dramático.

Entre sus primeros éxitos en televisión se encuentran telenovelas como ‘La sultana’, ‘Ifigenia’ o ‘Marisela’. Y al tiempo que se cultivaba como profesional, intentaba hacerlo como madre: “Clara Eugenia nació siendo yo muy joven, en 1982, y tuve que sacarla adelante sola porque me divorcié. Nadie te da un manual de cómo hacer las cosas bien, aprendes sobre la marcha”. Ocho años después, fruto de un segundo matrimonio, también fallido, nacería Federica. 
En 2001 llegó Carlos Manuel.

Ese año, 1982, dejó RCTV y dos años después firmó con Venevisión, donde se estrenó con ‘La Dueña’, una novela que supuso su consolidación como actriz: “Tras protagonizar esta historia, todo el mundo me conocía como la Dueña, todavía hoy me llaman así”.

En la década de los 90, además de casarse con el abogado Manuel Ricardo Egaña –con quien tuvo su primer hijo varón, Carlos Manuel– se sumó a otros proyectos de gran éxito, entre ellos, ‘Inés Duarte, secretaria’, junto a Víctor Cámara.

Sin embargo, los buenos datos de audiencia se tradujeron en un frenético ritmo de trabajo que terminó haciendo mella en su salud. Y no solo hizo frente a sus achaques, también al repentino despido de Venevisión, tras participar en ‘El país de las mujeres’ y ‘Toda mujer’, y a una nueva crisis matrimonial que hizo pública poco después.

En 2000 se sumergió en las grabaciones de ‘Angélica pecado’, que marcó una nueva etapa en las filas de RCTV. 
En su vida personal también iniciaba un nuevo proyecto: “No puedo negar, ni quiero hacerlo, que estoy enamorada de Nicomedes Zuloaga, mi primer amor de la adolescencia”.

Ilusionada, siguió asumiendo nuevos papeles en televisión, como el de A calzón quitao, que precedió a otros títulos como ‘Trapos íntimos’, ‘La señora Cárdenas’, ‘Los Querendones’, ‘Mi prima Ciela’ (foto) y ‘Calle Luna, calle Sol’.

Gracias a su edad pudo afrontar el papel de madre a abuela y bisabuela en ‘Mi ex me tiene ganas’: “He gozado muchísimo con este trabajo. Además, se da el caso de que en mi vida personal también soy abuela y conozco la felicidad que se siente cuando tienes nietos”.

Y sobre la plenitud del ser humano habla en ‘Uno más y la cuenta’, obra de teatro en la que ha participado este año.

Además de representar en Miami ‘Las invisibles’, con Myriam Ochoa y Julie Restifo.

Amanda Gutiérrez, lejos de ser invisible, es una actriz que  a sus casi 60 años sigue dando mucho que hablar, y no solo por su trabajo interpretativo, ya que desde hace años participa de forma activa en concentraciones contra el gobierno de su país: “Sueño con una Venezuela libre”.

Muchas facetas son las que han convertido a la veterana actriz en un icono: “Hablan de mí como una leyenda, pero eso yo lo traduzco en que soy vieja”. Para ella el verdadero triunfo de su vida no es otro que sus hijos: “Una mujer de éxito es la que logra que sus hijos sean personas de bien, con principios. En definitiva es la armonía familiar lo que me proporciona la verdadera felicidad”.





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