miércoles, 5 de marzo de 2014

Libertad Lamarque

“N
unca he deseado ni soñado nada en especial, todo ha venido a mí enviado desde el cielo. Tampoco tuve nunca que pedir favores a productores ni  periodistas. Soy artista porque el público de América me lo exigió con sus ovaciones, aplausos y amor”. A Libertad Lamarque le bastó su belleza y, sobre todo, su valía: “Nací con talento y luego la profesión me envolvió sin darme cuenta. Era tan pequeñita cuando empecé que no sabía que aquello que me gustaba tanto era una profesión, un trabajo”.

La incipiente artista, que nació el 24 de noviembre de 1908  en Rosario, Argentina, empezó a cantar con solo 8 años y a  los 16 ya dio rienda suelta a su arte emprendiendo su carrera musical: “Me trasladé con mi madre a Buenos Aires, donde alquilamos un palomar porque no teníamos para más”. La suerte estuvo de su lado y pronto fue concontratada como corista y extra por la compañía de Pascual Carcavallo en el Teatro Nacional.

Al mismo tiempo que empezó a destacar en sucesivas obras como actriz, también iba cobrando relevancia como cantante: “Interpreté rancheras y pasodobles españoles antes de llegar al tango. Fue entonces cuando grabé mis primeros discos, el primero en 1926, ‘Canciones y boleros de siempre”.

Muy joven vio los frutos de su esfuerzo y también a muy temprana edad decidió pasar por la altar con Emilio Romero, en 1927. Al año siguiente tuvo una hija, Mirtha, que luego seguiría sus pasos. Poco después de su nacimiento, el matrimonio se rompió.

En 1930 llegó su debut cinematográfico con la película muda ‘Adiós, Argentina’. Pudo lucir su voz en la gran pantalla con su primera película sonora, ‘Tango’, que rodó en 1933 junto a Jorge Negrete. Pero también triunfó con sus tangos, gracias a los cuales se hizo conocida en su país como la Reina del Tango.

Siguieron largometrajes como ‘Puerta cerrada’, ‘Ayúdame a vivir’ y ‘La casa del recuerdo’, bajo la dirección de importantes directores como Luis Saslavsky y José Agustín Ferreyra.

En 1934 conoció al músico Alfredo Malerba con quien inició una amistad que poco después terminó en un mediático noviazgo. Se casaría con él en 1945.

Su popularidad se disparó cuando en 1941, rodando ‘La cabalgata del circo’, propinó una bofetada a su compañera de reparto Eva Duarte. Lo que no podía imaginar es que aquel osado gesto le costaría caro cuatro años después, cuando aquella actriz se convirtió en la esposa del presidente de Argentina Juan Domingo Perón.

Y es que se sospecha que el repentino poder  de Evita Perón fue el que propició el exilio de Lamarque. Viajó por muchos países y se instaló en México. Fue un duro golpe para la actriz dejar su país natal, pero su espíritu optimista hizo que pronto se adaptase a su nueva vida. Además, enseguida se abrió un hueco en el medio gracias a las radionovelas, donde logró un enorme éxito entre los radioyentes.

Después llegaron importantes propuestas en el cine, ganándose un nuevo apodo: la Novia de América, título de una de sus cintas. 
También ‘La dama del tango’ y ‘Gran casino’ (1947), de Luis Buñuel.

En 1961 participó en la película española ‘Bello recuerdo’, al lado del entonces popular Joselito.

Pocos años después, pudo regresar a Buenos Aires donde continuó con su carrera tanto en el teatro, donde destacó con musicales como ‘Hello Dolly’, como en el cine. En 1972 rodó ‘La sonrisa de mamá’, con Palito Ortega y Ángel Magaña.

En 1975 rodó ‘La loca de los milagros’, la última película en México.

En 1972 viajó a Venezuela para participar en ‘Esmeralda’, su primera telenovela. En ella daba vida a una monja que se convierte en el mayor consuelo para la protagonista, interpretada por Lupita Ferrer. Tres años después grabó ‘Mamá’.

Sin embargo, fue su siguiente novela, ‘Soledad’ –que grabó en México en 1980 junto a una jovencísima Edith González– la que 
la consagró en el género. No solo ganó importantes reconocimientos, sino también 
la admiración y el cariño de los espectadores.

En la década de los 90 –durante la cual vivió en Miami–, además de seguir trabajando en varios espectáculos musicales tuvo ocasión de recoger varios premios y recibir merecidos homenajes. 
También hubo de enfrentarse a la pérdida de su marido en 1996.

Su bálsamo ante el dolor fueron nuevos proyectos, como ‘La usurpadora’, en 1998, con Marcelo Buquet y Fernando Colunga. “Trabajar me renueva los sentidos, reafirma mi autoestima y me ayuda a estar siempre de buen humor”, dijo.

Y aunque el tiempo la relegó a personajes secundarios nunca perdió un ápice de entusiasmo y su rostro seguía irradiando vitalidad. El final llegó a los 92 años y como ella deseaba, trabajando. Fue en 2000, durante las grabaciones de ‘Carita de ángel’, en México.

Libertad Lamarque empezó a sentir fuertes dolores de espalda. Terminó todas sus secuencias antes de ir al hospital, donde días después, el 12 de diciembre, cerraba sus ojos para siempre.




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