martes, 2 de julio de 2013

María Rosa Gallo

El trabajo fue su fuente de energía y la receta para mantenerse en forma: “Para mí no actuar es morir un poco”. Además, su optimismo, alegría y entusiasmo hicieron que superase dos divorcios, algunos problemas de salud y un duro exilio. Hablamos de María Rosa Gallo, a quien la muerte convirtió en leyenda.

 Buenos Aires, la capital argentina, la vio nacer el 20 de diciembre de 1921. Tuvo una infancia feliz y, desde que era muy pequeña, tenía claro su futuro: “No decidí ser actriz, simplemente nací para ello. Mi padre era un apasionado de la música, un poeta, y mi mamá cantaba, así que respiré el arte desde que era niña; estuve rodeada de teatro, poemas, lecturas y cantos”.

 A principios de los cuarenta ingresó en la Conservatorio de Arte Escénico y, tras graduarse en 1943 con medalla de oro, debutó en el teatro con El carnaval del diablo. Fue su compañera de escena, la actriz Margarita Xirgú, quien predijo que sería una gran actriz. Y no le faltó razón.

A partir de entonces, María Rosa no paró de trabajar. Además de participar en infinidad de puestas en escena, se abrió paso en el cine con 'Los gauchos judíos', que rodó en 1945. Durante la representación de 'Prontuario', en 1950, tuvo que abandonar su trabajo y su país, por su oposición al gobierno de Perón.

Junto con su marido, Camilo Da Passano, y su hija Alejandra, se marchó a Italia, donde tuvo que empezar de cero: “Ingresé en la Academia Nazionale D´Arte Dramática. Mi italiano no era lo suficientemente bueno como para trabajar, pero, después de un tiempo y de acudir a un foniatra para pronunciar correctamente, debuté en el país con la obra ‘El proceso de Jesús’. Con la actuación y otros hobbies como escribir logré canalizar mi angustia".

En 1957, dos años después del derrocamiento de Perón, regresó a su país, donde dio a luz a su segundo hijo, Claudio. Además, fundó su compañía, estrenando obras como Recordando con ira, Amoretta y Fedra, y empezó a tener diversas participaciones en televisión.

Cuando su vida parecía recobrar  la calma, se enfrentó al divorcio de Camilo, algo que por aquella época no estaba bien visto: “Fue duro, pero igual que ha sido siempre; no sentí culpa ni me preocupé del qué dirán. No es sano mantener una relación que no funciona”.

Las jóvenes actrices que trabajaron con ella en alguna novela siempre han hablado maravillas de ella. En 'Micaela', que en España emitió Telecinco en 1993, coincidió con Jeannette Rodríguez.

Y es que es muy buena compañera. Entabló amistad con la familia 
Del Bocca, con quienes trabajó en multitud de producciones. “Con Andrea hice ‘Perla Negra’ 
y es un ser angelical. A ella, a su padre y a su hermana los considero de mi familia”.

También los galanes la adoran y Jorge Martínez, con el que coincidió en 'Manuela', tiene un recuerdo inmejorable de su compañera. También Gustavo Guillén habla maravillas de la actriz.

'Perla negra'

Con su papel en 'Perla negra' ganó un premio Martín Fierro. “Se lo dedico a Nicolás del Boca –director de la novela–, porque tanto 
mis compañeros como yo creemos 
que este reconocimiento se lo merece él”.
De su personaje afirmaba que “parece mala, pero es una pobre mujer víctima de la sociedad en la que vive. Le fue infiel a su marido Carlos Pacheco, que andaba con otras, 
y tuvo un hijo de su amante, al que 
incluso renunció para seguir con 
su aparente vida. Ha sido un personaje 
maravilloso, apasionante”.
 

'La extraña dama'

Su visita a nuestro país durante la emisión de esta telenovela la recordaba 
con especial emoción: “Me entusiasmó 
el afecto de la gente. Me decían: ‘Que 
gran actriz que logra que la odiemos”.
Tuvo un gran éxito con 'La extraña dama': “Una vez viajé con mi hija 
a Florencia, para asistir al Festival 
Internacional de Televisión, y no podíamos andar por la calle porque la gente nos 
paraba para preguntarnos cosas y pedirnos autógrafos. Fue una vivencia maravillosa”.
 
 

'Micaela'

En 'Micaela' hizo el papel de Lucía, 
una mujer que al enviudar 
descubre que su hija (Jeanette Rodríguez) se ha enamorado de un hombre que resulta 
ser su hermano, fruto de 
la doble vida que llevaba 
su difunto esposo. De esta novela recordaba que  “cada día estaba deseando ir a trabajar porque, entre otras cosas, sabía que iba a ver a mi nieta Alejandra, que también participaba en 
la producción y es mi ojito derecho, mi tesorito”.
 

'Zíngara'

Hizo de Mitra en 'Zíngara': “Es una mujer fuerte que siente un desmesurado amor hacia sus nietos y llega a cometer actos reprobables con tal de verlos felices. Aunque en el fondo también 
lo hace por ella misma”.
 

Adiós a una gran dama

El 7 de diciembre de 2004 se marchó para siempre. Hoy sus restos cremados descansan en el cementerio de Chacarita (Buenos Aires), y su alma permanece viva a través de su gran legado artístico, de los personajes a quienes dio vida durante 60 años.



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